Dice la promocionadisimísima Isabel Coixet en la última página de MADRID ON, el lindo suplemento de EL PAÍS para jóvenes ricachones granmanchegos que solo hojeamos los viejos noctámbulos del Barrio: «[El hotel Mónaco] era superbarroco y bizarro». Bueno. Naturalmente, las palabras significan lo que sus usuarios quieren que signifiquen, y punto. Si hasta hace unos meses, en español, bizarro era (DRAE)
1. adj. valiente (esforzado).
2. adj. Generoso, lucido, espléndido.
ahora parece que empieza a significar lo mismo que en francés «bizarre»: difícil de comprender, por su naturaleza; que se aparta de lo habitual. Pero resulta muy sorprendente que a estas alturas se nos meta en la lengua una galicismo, porque el francés lleva un par de decenios, por lo menos, sin influir para nada en el español, de manera que seguramente la nueva acepción de la palabra nos cae del inglés, que, claro, la tomó del francés a mediados del siglo XVII. Un típico rebote lingüístico, de los que tanto han abundado siempre, y más ahora, con la cosa de la globalização. En el periodismo norteamericano hallamos con frecuencia el término «bizarre» aplicado a bares, restaurantes, hoteles. Y como doña Isabel es tan-tan-tan usaína, pues lo mismo le viene de ahí.
[Veo en un etimológico inglés que «bizarre» viene del ¡vascuence! bizar, barba (por la impresión que les causó a los franceses la barba de los soldados españoles), pero que también podría venir del italiano bizarro, de bizza, «ataque de rabia». Joan Corominas, en cambio, considera un auténtico disparate la etimología vasca. No se puede no estar de acuerdo con él. El origen italiano del término se antoja evidente.]
Pero ¡voto al chápiro verde! qué bizarritos nos hemos vuelto.
La entrada original http://librillo.rbuenaventura.com/
sábado, 29 de agosto de 2009
Bizarro
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